Más allá de Madame Curie: Mujeres de Ciencia ¿A cuántas puedes nombrar?

Más allá de Madame Curie: Mujeres de Ciencia ¿A cuántas puedes nombrar?

Hagamos un ejercicio mental: Enumera a quien recuerdes que haya realizado aportes significativos al mundo científico ¿Cuantos nombres tienes tu lista? ¿Cuántos de esos son mujeres?

Seguramente tendrás apuntado a Einstein, Hawking, Darwin o Pasteur. Algunos pondrían a Bell, Tesla o Newton y otros pocos a Curie, Gauss y Heisenberg. Quizás si se esfuerzan un poco, podrán recordar a Vera Rubin, quien falleció hace poco. Pero en su mayoría, las personas recuerdan solo a los hombres que han aportado en sus respectivos campos científicos y esto no es casualidad.

Hasta hace poco y, de hecho, en pleno siglo XXI en ciertos lugares del mundo se sigue observando una discriminación bastante fuerte hacia el género femenino. Por distintos motivos las féminas tienen menos oportunidades que los varones en muchos aspectos. Aun así, hay muchas mujeres que quisieron borrar ese estereotipo (O la sonrisa de suficiencia de algún machista) y han destacado por sus logros en campos en los que nadie creía que eran capaces de aportar.

Esto se remonta a muchos años. Épocas en las que la mujer no tenía los mismos derechos que los hombres y aun así lograban el reconocimiento a regañadientes de un público difícil y parcializado. Lo cierto es que, desde hace mucho, las mujeres han aportado grandes cosas en varios campos, incluido el científico. Pero se les ha dado poco o ningún reconocimiento por ello. Solo años y hasta siglos después de su muerte consiguen algún crédito por ello.

Hace muchos años, cuando rondaba el siglo IV, es decir, los años 300 – 400, nació en Alejandría, lo que hoy conocemos como Egipto, la que muchos catalogaron como la primera mujer científica de la historia. Tenía notables trabajos en el área de las matemáticas, la filosofía y la astronomía. Se dice que inventó el hidrómetro, un aparato capaz de determinar la densidad y la gravedad de un líquido. También hizo varios mapas astronómicos.

Entre sus contribuciones se encuentran varios comentarios a escritos de Ptolomeo, Diofando y Euclides. La mayoría de sus obras fueron destruidas. Pero sus discípulos mantuvieron su nombre y sus aportes vivos durante suficiente tiempo para que los historiadores los conocieran. Fue profesora de matemáticas y muchas familias de las más influyentes exigían que fuese ella quien enseñara matemáticas a sus hijos. Murió atacada por una turba de fanáticos religiosos en una época donde ser mujer y pensar diferente no eran precisamente del agrado de todos.

Una lista larga pero olvidada

Hipatia no fue la única mujer en realizar aportes significativos a algún capo científico. Pero lamentablemente la historia ha olvidado sus nombres. Existen mujeres en distintos campos de la ciencia y han hecho aportes tan significativos que gracias a estos existe el mundo como lo conocemos. Por ejemplo, podemos citar algunos nombres como Marie Curie (Radioactividad), Lisa Meitner (Fisión Nuclear), Barbara McClintok (Citogenética), Rosalind Franklin (Genética), Jane Goodall (Primatología), Jocelyn Bell Burnell (Astrofísica), Dorothy Crowfoot Hodgkin (Química), Sophie Germain (Matemáticas), Amalie Emmy Noether(Matemáticas), Vera Rubin (Astrofísica) y Rachel Carson (Biología).

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La lista no para allí. Esos son solo algunos de los nombres de mujeres que han hecho algún aporte significativo a la ciencia y que se encuentra documentado. Sin embargo, hay muchas más mujeres en el mundo de la ciencia que fueron desplazadas por sus compañeros varones o que de plano nunca se mencionan en ninguna parte de la historia. De hecho, muchos de los trabajos hechos por mujeres recibieron premios Nobel. Sin embargo, los galardonados fueron los hombres que, por una u otra razón, se hacían con los trabajos y los presentaban en su nombre.

Los inicios de la computación y el lenguaje COBOL

Quizás poco conozcan el nombre de Ada Byron, la condesa de Lovelace. Pero se dice que ella fue la primera programadora de la historia. Un hombre llamado Charles Babagge intentaba crear un aparato que pudiese funcionar de acuerdo a ciertas instrucciones. Ada escribió un artículo con permiso de Babagge en el que demostraba el funcionamiento de este dispositivo usando algoritmos matemáticos. También sugirió el uso de tarjetas perforadas para introducir los datos (¿Te suena conocido?). Firmó el artículo solo con sus iniciales para ocultar que era mujer.

Y en cuanto al tema de computación también podemos mencionar a Grace Hopper. Ella fue la primera que conceptualizó la idea de crear lenguajes que fuesen independientes del lenguaje máquina, es decir, que pudiese ser usado en múltiples equipos. Este concepto llevó a la creación del lenguaje COBOL y por esto, algunos la llaman la madre de COBOL.

Como dato curioso, ella misma fue la que introdujo el termino Debugging. Ya que cuando trabajaba en la universidad de Harvard, un computador funcionaba mal y luego de mucho revisar, notó que era a causa de una polilla que estaba atascada en los circuitos de la máquina, la cual tuvo que remover para que volviese a funcionar adecuadamente (De-bug vendría siendo algo como «desbichar» ya que Bug es la palabra inglesa para bicho).

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La discriminación no tiene que ver con el género

Todas estas historias hablan de mujeres que vencieron la cultura machista y perseveraron escribiendo sus nombres en los libros de historia en contra de una multitud aplastante de hombres como autoridades académicas, pero ¿Y el futuro? ¿Hemos realmente llegado a la igualdad de oportunidades para ambos géneros?

Algunos estudios muestran estadísticas alarmantes en el caso de las mujeres catedráticas o científicas. Pues muy pocas niñas se visualizan como científicas en su futuro. Los estereotipos y la poca visibilidad del género femenino en el campo de la ciencia hacen que la mayoría de las niñas y jóvenes tengan poco o ningún interés por la ciencia y terminen escogiendo otra profesión.

Algunos estudios han arrojado que, tanto hombres como mujeres tienden a subestimar al sexo femenino. Por ejemplo, en el 2012 la universidad de Yale en Estados Unidos, realizó un estudio en el que se enviaron a biólogos, químicos y físicos de seis universidades de todo Estados Unidos el currículum de un recién graduado.

El currículum era exactamente igual, mismas notas, misma experiencia y mismas recomendaciones. Solo había un pequeño detalle. En la mitad de los casos el candidato se llamaba John y en la otra mitad se llamaba Jennifer.

En una escala del 1 al 7, el candidato masculino obtuvo una puntuación de 4. Mientras que Jennifer obtuvo 3,3. Además, cuando se les preguntó si el candidato merecía tener un mentor, John fue el favorito y consideraban que era más rentable invertir en un mentor para él que para Jennifer. El sueldo ofrecido también fue un 12% más bajo para Jennifer.

Lo curioso y alarmante de este experimento es que no había diferencia si el evaluador era un hombre o una mujer: ambos géneros por igual tendían a subestimar a Jennifer.

Esto nos demuestra que gran parte de la discriminación y las «diferencias» que vemos, están arraigadas en la crianza. Y que, lamentablemente, criamos tanto a los hombres como a las mujeres para que subestimen a las mujeres.

¿Cuál es la diferencia con tu lista antes y después de este artículo?

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